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Doma racional; una alternativa sin violencia

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Lejos de los violentos corcoveos tradicionales, existe un método basado en la no-agresión física del caballo y en la interpretación de su lenguaje  

Imagen de rebeldía y libertad, los potros salvajes son, desde el comienzo de los tiempos, un enigma para la mayoría de los hombres que intentan dominarlos para convertirlos en aliados.

Probablemente el neófito que intenta acercarse con la mejor de las intenciones a un caballo salvaje, termine rodeado de la estela polvorienta que el animal ha dejado en su huida. Ellos se marchan si se sienten amenazados y esa es su mejor defensa. ¿Cómo iniciar un primer encuentro pacífico y sin un sometimiento violento del animal?

Este es el desafío de quienes practican la doma racional o natural, un método que cuenta cada día con más adeptos, incluso en Uruguay, donde muchos criadores han encontrado en este tipo de adiestramiento la mejor manera de comunicarse con los caballos.

El sistema se basa en el conocimiento del comportamiento, psicología y lenguaje de los caballos, pilares fundamentales a la hora de construir una comunicación positiva con ellos. Estos animales son curiosos por naturaleza y esa es su principal ventaja a la hora de aprender. Les gusta explorar y descubrir, dos cualidades esenciales para que pierdan rápidamente los miedos a ruidos o situaciones extrañas.

El caballo genéticamente está acostumbrado a vivir en manadas, por lo cual necesita un líder natural. Si comprende que el adiestrador es su líder, que lo respeta, entonces tendrá una reacción dócil y obediente, se sentirá seguro, confiado y asimilará el aprendizaje que reciba, dicen los expertos. Por su lado el adiestrador deberá conocer las reglas de comunicación, emitir órdenes claras y precisas durante todo el proceso de la doma.

LENGUAJE EQUINO. Uno de los referentes más claros en esta disciplina es el estadounidense Monty Roberts, conocido por algunos como el "susurrador de caballos" ya que fue en él en quien se inspiró el escritor Nicholas Evans cuando escribió The Horse Whisperer; novela en la que a su vez se basó la película El Señor de los caballos dirigida y protagonizada por Robert Redford.

El método que desarrolló Roberts se llama join up (unión) y follow up (acompañamiento), y busca, como objetivo principal, "establecer una asociación voluntaria entre el caballo y el hombre, sin el uso del dolor, ni la fuerza, logrando que el cuadrúpedo acepte una montura, una brida y un jinete". Este sistema está siendo aplicado con éxito en escuelas de equitación, ranchos y explotaciones ganaderas de todas partes del mundo, especialmente en Estados Unidos y Europa. La propia Reina Isabel II de Inglaterra invitó a Monty Roberts para que le enseñara al personal del palacio su método.

El experto tiene su propio libro, El hombre que escucha a los caballos, y ya vendió cinco millones de ejemplares. Esto puso al granjero californiano y a su técnica revolucionaria en el centro de atención de los medios de comunicación. Pero todo comenzó en una tarde cálida de Nevada, cuando Roberts observó por primera vez el lenguaje silencioso de los caballos.

En 1966 fundó un centro de preparación equina en el valle de Santa Inés en California, al cual llegan cada año decenas de aspirantes a instructores y caballos indómitos, además de personas discapacitadas o en vías de rehabilitación.

"Mis métodos no se fundamentan en causar dolor, ya que al caballo nunca se le debe forzar para que haga algo. Si doy al caballo la libertad de elegir, él se convierte en el alma de mi trabajo y el resultado que obtengo es un aprendizaje óptimo", afirma.

El idioma del caballo fue bautizado con el nombre "Equs", y consiste en un sistema de señas aprendido por los indios americanos, y luego adoptado y ampliado por domadores naturales.

Tres tipos de señas son las básicas en este idioma: las posturas corporales -que incluyen los movimientos de la cabeza, ojos, labios y orejas-, la cola y los sonidos. Roberts identificó más de 170 gestos para que el ser humano se comunique con el caballo.

El entrenador afirma que los corrales circulares son excelentes para observar la forma en que un caballo interactúa con nosotros y en qué modo percibe nuestros movimientos. "Es crucial tener en cuenta lo sensibles que son al movimiento. Los giros bruscos y espasmódicos sirven para que el caballo se aleje y si al tratar de capturarlo le vemos directamente a los ojos, lo que conseguiremos es alejarlo.

El caballo es muy sensible al movimiento de los ojos, y con sólo dirigir mi vista hacia su cuello y recorrerla hasta sus ancas puedo lograr que disminuya el trote y camine en el corral circular", explica en uno de sus libros.

Equinoterapia criolla

En Uruguay, el centro de equinoterapia Equus, ubicado en el departamento de San José, atiende a niños y adolescentes. Germán Ángulo explica que "la equinoterapia es un método terapéutico y educacional que utiliza el caballo dentro de un abordaje interdisciplinario, como instrumento de rehabilitación en el ámbito de un proyecto que tiende a mejorar la capacidad de adaptación del sujeto en el aspecto motor, psíquico y social".

Entre los beneficios de esta terapia se cuentan los neuromotores, tales como la regulación del tono muscular, sensomotores (como el desarrollo de la conciencia e imagen corporal) y psicomotores (como la estabilización del tronco y de la cabeza, entre otros).

Gestos equinos

Las orejas indican los pensamientos de los caballos y la cola el estado de ánimo. En el cuerpo se pueden ver sus intenciones. El caballo demuestra felicidad cuando deja caer la cabeza entre sus patas, luego la lanza hacia atrás y hace círculos en el aire con la nariz.

Cuando la yegua gira en ángulo de 45 grados está invitando al potrillo a que regrese a la manada. Sacudir la cabeza en forma de arco y levantar la nariz significa: "¡No fue mi intención hacerlo!"

La mirada sobre mirada y los hombros rectos hacen que el potro se aleje. Las orejas paradas significan: "Te respeto". La cabeza hacia abajo: "Quisiera discutirlo, dejaré que tú dirijas la reunión".

Las señales de impaciencia se reflejan en intermitentes patadas, agitación de la cabeza, saltitos laterales. El susto, el enojo o la aflicción se reflejan cuando entierra una pezuña en el suelo, tensa el cuello y abre los ojos hasta mostrar algo del blanco ocular.

Fuente: El hombre que escucha a los caballos de Monty Roberts / El País Digital - 09/2006