
Hola! copio ahora un mito que encontré en internet:
"Dios recorría el mundo después de la creación cuando al pasar por el desierto escuchó los gritos y el llanto de un beduino.
Al preguntarle porque lloraba, el árabe le respondió:
Vi las riquezas que los otros pueblos ganaron y para mí solo me diste arenas. Dios percibió que no había sido justo en la distribución de los bienes de la tierra, y le dijo:
No llores más, te voy a compensar dándote un regalo que no le di a ningún pueblo. Y tomando con la mano derecha al viento del sur que pasaba, dijo:
¡Plásmate, viento del sur! Voy a hacer de ti una nueva criatura. Serás mi regalo y el símbolo de amor a mi pueblo.
Para que seas único y que nunca te confundan con las bestias, tendrás: La mirada del águila, el coraje del león y la velocidad de la pantera. Del elefante te doy la memoria, del tigre la fuerza, de la gacela la elegancia. Tus cascos tendrán la dureza del sílice y tu pelo la suavidad del plumaje de la paloma. Saltarás más que el gamo, y tendrás del lobo el faro. Serán tuyos los ojos del leopardo por la noche, y te orientarás como el halcón, que siempre vuelve a su origen. Serás incansable como el camello, y tendrás del perro el amor a su dueño.
Y finalmente, caballo, como un regalo mío al hacerte caballo y hacerte árabe, te doy para que seas único: La belleza de la Reina y la majestad del Rey.
Dios le dijo al Viento del Sur: "Conviérte en sólida carne porque quiero hacer de ti una nueva criatura, para que me honre y humille a mis enemigos y para que sirva a aquellos que estén bajo mi potestad". Y el viento del Sur respondió: "Hágase según tu voluntad tu deseo"
Entonces Dios tomó un puñado de viento y sopló creando el caballo y diciendo: "Te llamarás árabe y la virtud inundará el pelo de tus crines y tu grupa. Serás mi preferido entre todos los animales porque te he hecho amo y amigo. Te he conferido el poder de volar sin alas, ya sea en el ataque o en la retirada. Sentaré a los hombres en tu grupa y rezarán, me honorificarán y cantarán aleluyas en mi nombre...ahora ve!, y vive en el desierto cuarenta días y cuarenta noches...sacrifícate y aprende a resistir la tentación del agua, broncea el color de tu cuerpo y aligera tus músculos de grasa...porque del viento vienes y viento debes ser en la carrera"
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A pesar de que no existe un total acuerdo sobre el origen de las diferentes razas equinas, sí encontramos unanimidad a la hora de señalar la fecha de nacimiento de este animal: en el Eoceno (aproximadamente sesenta millones de años atrás) y el nombre de su primer antecedente: el Eohippus. Se trataba de un mamífero de características peculiares: una pequeña cabeza, con ojos centrales y hocico escaso, dorso arqueado, cola larga y gruesa, patas cortas y con dedos que contaban con almohadillas (similares a las de los perros) para permitir el apoyo correcto en el suelo; tenían una dentadura con 44 dientes, apta para una alimentación formada por vegetales tiernos (hojas y cogollos).
Posteriormente el Eohippus evolucionaría hacia dos especies diferentes: el Orohippus y el Hepihippus, que contaban con unas dimensiones mayores.
Más adelante en la escala evolutiva encontramos al Mesohippus y al Miohippus, ejemplares cada vez más similares al caballo tal y como hoy lo conocemos: los ojos más laterales, hocico alargado, dorso recto...
Pero cuando realmente se produce un salto evolutivo es con el Meryckippus, donde la similitud es mayor, incluso en la dentadura. Este animal evolucionaría, hace unos veinte millones de años, hacia el Pliohippus, primer ejemplar en el que encontramos un sólo dedo.
Y de este último es del que desciende el Equus, en el cual todas las características responden a las del caballo actual. Este ejemplar se desarrolló en América del Norte, desde donde emigró a Asia, a Europa y por último a América del Sur; siendo África el único continente en el que nunca se han encontrado fósiles de Equus. Éste animal es el que dará lugar a la familia de los équidos, en donde podemos encontrar los siguientes ejemplares:
1. El Equus Caballus Przewalshij, de Mongolia: considerado el generador de todos los caballos.
2. El Equus Onager: de Asia.
3. El Equus Emionus: de Asia Central; generador de los asnos domésticos.
4. El Equus Zebrae: que derivó en las tres especies que actualmente conocemos de cebras.
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A pesar de que no existe un total acuerdo sobre el origen de las diferentes razas equinas, sí encontramos unanimidad a la hora de señalar la fecha de nacimiento de este animal: en el Eoceno (aproximadamente sesenta millones de años atrás) y el nombre de su primer antecedente: el Eohippus. Se trataba de un mamífero de características peculiares: una pequeña cabeza, con ojos centrales y hocico escaso, dorso arqueado, cola larga y gruesa, patas cortas y con dedos que contaban con almohadillas (similares a las de los perros) para permitir el apoyo correcto en el suelo; tenían una dentadura con 44 dientes, apta para una alimentación formada por vegetales tiernos (hojas y cogollos).
Posteriormente el Eohippus evolucionaría hacia dos especies diferentes: el Orohippus y el Hepihippus, que contaban con unas dimensiones mayores.
Más adelante en la escala evolutiva encontramos al Mesohippus y al Miohippus, ejemplares cada vez más similares al caballo tal y como hoy lo conocemos: los ojos más laterales, hocico alargado, dorso recto...
Pero cuando realmente se produce un salto evolutivo es con el Meryckippus, donde la similitud es mayor, incluso en la dentadura. Este animal evolucionaría, hace unos veinte millones de años, hacia el Pliohippus, primer ejemplar en el que encontramos un sólo dedo.
Y de este último es del que desciende el Equus, en el cual todas las características responden a las del caballo actual. Este ejemplar se desarrolló en América del Norte, desde donde emigró a Asia, a Europa y por último a América del Sur; siendo África el único continente en el que nunca se han encontrado fósiles de Equus. Éste animal es el que dará lugar a la familia de los équidos, en donde podemos encontrar los siguientes ejemplares:
1. El Equus Caballus Przewalshij, de Mongolia: considerado el generador de todos los caballos.
2. El Equus Onager: de Asia.
3. El Equus Emionus: de Asia Central; generador de los asnos domésticos.
4. El Equus Zebrae: que derivó en las tres especies que actualmente conocemos de cebras.
Para eso existen algunas técnicas de enseñanza previas al andar. El adiestramiento consiste en la ejercitación de las facultades físicas y psíquicas del caballo para someterlo voluntariamente a las órdenes del jinete, dando la impresión a su pensamiento.
El entendimiento se produce como consecuencia de una adecuada comunicación entre caballo y jinete, por intermedio de las aplicaciones de las piernas, riendas, y peso del cuerpo del jinete. Tales ayudas actúan sobre los sentidos del caballo, fundamentales para la vida del animal.
Son imprescindibles el tacto, el oído, la vista, el gusto y el olfato. El caballo debe tener ciertas condiciones como buena conformación física con armoniosas proporciones de movimientos sueltos, francos y regulares; con una alzada adecuada a la talla de su jinete. Buen temperamento y belleza.
A su ves el jinete debe ser estudio, paciente, que tenga dominio de sí mismo; espíritu de sacrificio y demasiada constancia, firme en sus ordenes, sin violencia ni arrebatos, ni debilidad, ni brusquedad, audaz enérgico y sin imprudencia.
Para perfeccionar el adiestramiento, el jinete debe recordar que el caballo es un ser muy temeroso y que posee una extraordinaria memoria, cuyo aprovechamiento es fundamental, debe ser estimulado por medio de premios abundantes y oportunos, a igual que la represión debe ser muy oportuna y en relación a la falta cometida.
Los principios de la equitación son las reglas, la experiencia, indispensable para perfeccionar la equitación en todos sus aspectos. Es necesario conocer la teoría, la técnica y el caballo. Es necesario trabajar con el caballo calmo, derecho e impulsado. Hay que conservar una correcta posición sobre el caballo, que es fundamental para establecer y mantener una buena comunicación con el animal. Obra a la manera de una central de comunicaciones.
Planificar el trabajo, no improvisar y fijarse objetivos intermedios. Regular el trabajo con oportunos descansos y no llegar a la fatiga. La transpiración, la fiebre y trabajo con oportunos descansos y no llegar a la fatiga. La transpiración, la fiebre y la adecuada descontracción, psíquica y física. Progresión de lo fácil a lo difícil. Frecuencia más que intensidad. Veinte minutos diarios rinden más que toda una mañana un fin de semana. Y traen mayores resultados para conseguir el objetivo sin generar fatigas innecesarias.
De CABALLOS Y NEGOCIOS